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Cómo ver el aura: guía paso a paso para principiantes
- Publicación Publicada: enero 10, 2017
- Post Modificada: junio 26, 2026
Tabla de contenidos
Soy Fernando Albert, médium y sanador, y quiero empezar por tranquilizarte: ver el aura no es un don reservado a unos pocos elegidos. Es una habilidad perceptiva que se entrena, y casi todo depende de un pequeño truco: aprender a mirar con la visión periférica en lugar de clavar la vista en un punto. En esta guía te doy un método claro y ordenado que puedes probar hoy mismo, cómo ver el aura de otra persona, cómo ver la tuya propia con un espejo y qué hacer cuando sientes que «no ves nada». Lo he enseñado a alumnos de muchos países y casi siempre ocurre lo mismo: cuando dejas de forzar, aparece. Vamos paso a paso.

¿Qué es el aura?
Antes de mirar, conviene saber qué estás buscando. El aura es el campo de energía que rodea a todo ser vivo, una envoltura sutil que emana del cuerpo, de los chakras y, en mi forma de entenderlo, también del alma. Tiene un aspecto parecido a una neblina o un halo, y se expresa en colores que cambian a lo largo del día según tu estado de ánimo, tu energía y lo que estás viviendo.
Eso es todo lo que necesitas para empezar a practicar. No hace falta dominar la teoría para ver el aura: de hecho, cuanto menos te lo pienses, mejor. Si quieres profundizar en qué significan los distintos tonos, te lo explico todo en los colores del aura y su significado. Aquí nos quedamos con lo justo y vamos directos a la práctica.
Antes de empezar: prepara las condiciones
Que veas el aura el primer día o que te cueste varias semanas depende, sobre todo, de las condiciones. Si preparas bien el entorno, te ahorras la mayor parte de la frustración. Esto es lo que necesitas.
Un fondo neutro
Colócate (o coloca a la otra persona) frente a una pared blanca o lisa, sin cuadros, estanterías ni objetos que distraigan la vista. Un fondo claro y uniforme hace que el contorno energético resalte muchísimo más. Los colores fuertes de la ropa o de la pared «contaminan» lo que ves, así que cuanto más sobrio sea todo, mejor.
Luz suave e indirecta
Busca una iluminación tenue y difusa. La luz natural de una ventana, sin sol directo, es ideal. Evita la luz dura, los focos y, sobre todo, los fluorescentes, que cansan la vista y crean parpadeos que estropean la percepción. Comprueba también que no haya reflejos ni brillos molestos en tu campo de visión.
Relaja el cuerpo y la mirada
Antes de mirar, haz dos o tres respiraciones lentas y suelta la tensión de los hombros, la mandíbula y, especialmente, los ojos. La prisa y la tensión son las grandes enemigas. No tienes que entrar en ningún trance profundo; basta con que estés tranquilo y sin expectativas.
La clave de todo: la visión periférica
Y aquí está lo más importante, lo que casi todos los principiantes hacen mal: no mires fijamente. El aura no se ve clavando la vista en el centro, sino con la visión periférica, esa mirada relajada y «desenfocada» con la que percibes lo que hay alrededor sin mirarlo de frente. La idea es fijar la vista en un punto —por ejemplo, justo detrás de la cabeza— y dejar que el resto aparezca por los lados, sin perseguirlo. Si te descubres entornando los ojos o esforzándote, para y vuelve a suavizar la mirada. Cuanto menos fuerzas, más ves.
Cómo ver el aura de otra persona (paso a paso)
Esta es la forma más habitual de empezar y, para muchas personas, la más fácil. Necesitas a alguien que quiera colaborar y un poco de paciencia. Sigue los pasos en orden:
- Pide permiso siempre. Observar el aura de alguien es asomarte a su espacio energético, así que pregúntale antes. No es «cotilleo espiritual»: es una práctica que se hace con respeto y con su consentimiento.
- Coloca a la persona frente a la pared blanca, bien iluminada con luz suave, y pídele que se quede quieta y relajada. Si puede dejar los hombros despejados, mejor: facilita distinguir el contorno.
- Sitúate a un par de metros de distancia. Lo bastante cerca para verla con comodidad, lo bastante lejos para abarcar su cabeza y sus hombros sin mover los ojos.
- Respira hondo y suelta la vista. Tómate unos segundos para relajarte antes de empezar a mirar.
- Fija la mirada en un punto detrás o junto a su cabeza, por ejemplo en la pared, a la altura de los hombros. No mires su cara ni sigas su silueta: mira «a través» de ella.
- Desenfoca suavemente. Deja que la imagen se vuelva un poco borrosa, como cuando te quedas mirando al vacío. Mantén esa mirada blanda sin parpadear en exceso, pero sin resecar los ojos.
- Observa primero la silueta tenue. Al cabo de unos instantes notarás una especie de neblina o halo translúcido pegado al contorno del cuerpo, casi siempre blanquecino. Ese es el primer nivel del aura, y es lo más fácil de ver.
- Después, busca los matices de color. Con la práctica, ese halo blanco empieza a teñirse. Los colores llegan poco a poco; no los fuerces.
- Si te cuesta, mírale las manos o los brazos. La energía es más intensa en las extremidades, así que pídele que extienda un brazo contra la pared blanca y observa el contorno de los dedos y la mano. Suele ser el punto donde antes se «engancha» la vista al principio.
No te desanimes si solo ves ese contorno tenue. Es exactamente por donde se empieza, y a partir de ahí todo es práctica.
Cómo ver el aura propia con un espejo
Que veas tu propia aura es perfectamente posible, y es de las cosas que más ilusión hacen la primera vez. El truco está en usar un espejo, y es una de las técnicas que casi ningún otro sitio explica bien.
- Usa un espejo de pared mejor que uno de mano, lo bastante grande para ver con holgura tu cabeza y tus hombros. El espejo del baño suele funcionar de maravilla.
- Asegúrate de que detrás de ti, en el reflejo, haya una pared blanca y despejada. Lo que aparece detrás de tu cabeza en el espejo es lo que importa, no la pared que tienes delante.
- Quítate diademas, gorros o adornos del pelo y evita la ropa muy llamativa. Despejar los hombros ayuda a separar los colores. Son detalles fáciles de olvidar.
- Mírate sin forzar la vista. Observa la zona justo por encima de tu cabeza y de tus hombros —al principio una cosa o la otra, no las dos a la vez— con esa mirada desenfocada que ya conoces.
- Ten paciencia. Al cabo de unos momentos verás como una leve deformación del color alrededor del pelo, un contorno fino pegado a la cabeza. Cuanto más cerca del cuerpo, más intensa es la energía y más fácil de ver.
Así es, de hecho, como vi mi aura por primera vez: un contorno sutil sobre la cabeza que, con práctica, dejó de ser una línea para convertirse en «un montón de niebla de colores». Dedícale cinco minutos al día; no necesitas más.
Otra técnica: la imagen residual
Esta es una técnica complementaria que va muy bien cuando las otras se te resisten, porque se apoya en cómo funcionan tus propios ojos. Funciona especialmente bien con las manos.
- Coloca una mano (la tuya o la de otra persona) sobre un fondo blanco y bien iluminado.
- Mira fijamente el contorno de la mano durante unos 30 segundos. Esta es la única técnica en la que sí miras fijo, y solo durante este paso.
- Desvía la vista hacia una pared blanca y lisa. Durante unos segundos percibirás un contorno, un halo alrededor de la silueta de la mano.
Conviene ser honesto: una parte de lo que ves es una imagen residual, un efecto óptico normal. Con la práctica aprendes a distinguir ese efecto pasajero de la percepción energética, más estable, que aparece después. Tómatela como un buen ejercicio de calentamiento para entrenar el ojo.
Sentir el aura (si todavía no la ves)
No todo el mundo es visual, y eso no es ningún problema. El aura también se siente, y para muchas personas es incluso la puerta de entrada más natural. Si la vista se te resiste, prueba esto:
- Frota las palmas de las manos con energía durante unos segundos, hasta notarlas calientes y un poco hormigueantes.
- Sepáralas unos centímetros y acércalas muy despacio, una y otra vez, como si tocaras un acordeón. Llega un punto en el que notas una ligera resistencia, una especie de «colchón» elástico entre las manos. Eso es energía.
- Juega con la distancia: aleja y acerca las manos, y nota cómo cambia esa presión sutil. Cuanto más relajado estés, más clara es la sensación.
- Con otra persona (y con su permiso), acerca despacio la palma de tu mano hacia su brazo o su hombro, sin llegar a tocar, a unos 15 o 30 centímetros. Muchas personas perciben calor, cosquilleo o esa misma resistencia suave. Ahí está su aura.
Sentir y ver no compiten: se refuerzan. De hecho, a menudo es sintiendo la energía como uno termina relajándose lo suficiente para, por fin, empezar a verla.
«No veo nada»: errores comunes y cómo resolverlos
Esta es la parte que casi nadie te cuenta, y es justo la que más falta hace. Si llevas un rato y no aparece nada, casi seguro que es por uno de estos motivos. Cada problema tiene su solución sencilla.
- Estás mirando demasiado fijo. Es, con diferencia, el error número uno. Solución: suaviza la mirada y vuelve a la visión periférica. Fija un punto y deja que el aura aparezca por los lados.
- Esperas colores intensos de golpe. Al principio el aura es tenue y casi siempre blanca o translúcida, no un arcoíris. Solución: conténtate con ver el halo blanco; el color llega después, con práctica.
- Hay demasiada tensión. Si estás rígido o con prisa, el cuerpo no colabora. Solución: respira, baja los hombros y recuérdate que no pasa nada si hoy no sale.
- La iluminación no acompaña. La luz dura, los fluorescentes o un fondo recargado lo hacen casi imposible. Solución: cambia a luz suave e indirecta y a una pared lisa y clara.
- Estás forzando. Intentar «ver a la fuerza» bloquea la percepción. Solución: suelta la intención, casi como si te diera igual. Paradójicamente, es entonces cuando aparece.
- Le pides demasiado a una sola sesión. La vista se cansa y la frustración crece. Solución: practica solo cinco minutos por sesión. Si hoy no sale, mañana será otro día.
- Te falta práctica, simplemente. Como cualquier habilidad, esto se entrena. Solución: repite a menudo y en sesiones cortas; el progreso es acumulativo.
Si revisas estos puntos, en la inmensa mayoría de los casos el bloqueo desaparece. No es que «no tengas el don»: es que aún no has dado con las condiciones adecuadas.
Qué vas a ver la primera vez (expectativas reales)
Voy a ser honesto contigo, porque prefiero eso a venderte humo. La primera vez no vas a ver un aura espectacular llena de colores vivos. Lo normal es percibir una neblina o un halo muy tenue, blanquecino o translúcido, pegado al contorno del cuerpo o de la cabeza. Y ya eso es un éxito: eso es el aura.
El color llega más tarde, con práctica. Primero aprendes a ver esa capa blanca más interna y, poco a poco, empiezan a aparecer matices. Ten en cuenta, además, que el aura no es fija: cambia con el estado de ánimo, el cansancio y la energía del momento, así que lo que veas hoy no tiene por qué ser igual mañana.
Quizá hayas oído hablar de la fotografía Kirlian, esas imágenes con un halo de color alrededor de las manos. Es una curiosidad interesante y muy vistosa, pero no la tomes como una «prueba» de nada: aquí hablamos de una percepción experiencial y espiritual, no de una medición. Ver el aura es, ante todo, algo que se entrena con los ojos y con la calma.
¿Y el color? Qué significa lo que ves
Cuando por fin empieces a distinguir colores, querrás saber qué significan. Aquí solo te doy una pincelada, porque cada color da para mucho y le he dedicado una guía entera a cada uno. Como referencia rápida:
- El aura blanca se asocia con la pureza y un momento de gran claridad espiritual; además, es el tono que casi todos vemos primero.
- El aura azul habla de calma, comunicación sincera e intuición.
- El aura verde se vincula a la sanación, el equilibrio y la conexión con la naturaleza.
- El aura roja refleja pasión, fuerza vital y energía física.
- El aura amarilla se relaciona con la alegría, el optimismo y el intelecto.
- El aura rosa trae ternura, bondad y amor.
- El aura violeta apunta a la espiritualidad y la sensibilidad psíquica.
Hay muchos más —índigo, dorada, naranja, gris, marrón, negra, arcoíris— y los tienes todos reunidos en la guía de los colores del aura. Una pista mientras practicas: el fondo y la ropa pueden teñir lo que ves, así que no des un color por definitivo hasta que lo percibas de forma estable y limpia.
Consejos para practicar: un plan para principiantes
Ver el aura es cuestión de constancia, no de talento. Un plan sencillo te llevará más lejos que un esfuerzo intenso y aislado. Esto es lo que recomiendo a quien empieza:
- Sesiones cortas y regulares. Cinco minutos al día rinden mucho más que una hora un domingo. La vista se cansa enseguida, y la regularidad es lo que crea la habilidad.
- Mejor con luz natural suave. Practica de día, cerca de una ventana sin sol directo. Es la luz que mejor revela el aura.
- No fuerces nunca. Si notas tensión o frustración, para. Forzar es contraproducente; descansar y volver mañana, no.
- Lleva un pequeño registro. Anota qué viste, con qué luz y cómo te sentías. Te sorprenderá descubrir tu propio progreso y las condiciones que mejor te funcionan.
- Alterna las técnicas. Unos días el espejo, otros las manos, otros sentir la energía. Cada una entrena algo distinto.
Una rutina realista: cinco minutos al día durante una semana con una sola técnica, y luego ve añadiendo. Sin prisa. Lo importante no es ver mucho el primer día, sino seguir practicando el segundo.
Preguntas frecuentes
¿Cualquiera puede aprender a ver el aura?
Sí. Ver el aura no requiere un don especial, sino práctica y la técnica adecuada: mirar con visión periférica en lugar de fijar la vista. Unas personas tardan más que otras, pero con sesiones cortas y constantes la inmensa mayoría llega a percibir al menos el halo tenue.
¿Cuánto se tarda en ver el aura?
Varía mucho de una persona a otra. Muchos perciben una neblina tenue ya en las primeras sesiones; otros necesitan semanas de práctica. El halo blanco suele aparecer pronto, mientras que distinguir los colores con claridad llega después, con constancia. La clave es practicar a menudo y no forzar.
¿Qué se ve primero al mirar el aura?
Lo primero es una silueta o neblina muy tenue, casi siempre blanquecina o translúcida, pegada al contorno del cuerpo o de la cabeza. Los colores llegan más tarde. Si ves ese halo claro, vas por buen camino: es el primer nivel del aura y la base sobre la que se construye el resto.
¿Puedo ver mi propia aura?
Sí, con el método del espejo. Colócate frente a un espejo de pared con una pared blanca y despejada detrás de ti en el reflejo, con luz suave, y observa sin forzar la zona por encima de tu cabeza y tus hombros. Con paciencia aparece el contorno energético alrededor de la cabeza.
¿Por qué no consigo ver nada?
Casi siempre por mirar demasiado fijo en lugar de usar la visión periférica, por esperar colores intensos de golpe o por exceso de tensión. Revisa también la luz (suave e indirecta) y el fondo (liso y claro). Practica solo cinco minutos, suelta la intención y vuelve a intentarlo otro día.
¿Necesito un don especial?
No. Ver el aura es una habilidad entrenable, no un poder reservado a unos pocos. Igual que se aprende a afinar el oído para la música, se aprende a afinar la vista para percibir la energía. Lo que marca la diferencia no es el don, sino la práctica y unas buenas condiciones.
Ver el aura es, sobre todo, un ejercicio de paciencia y de confianza. El día que percibas por primera vez ese halo alrededor de una cabeza —la tuya incluida— entenderás de golpe de qué hablamos, y querrás seguir. No te exijas demasiado: deja que aparezca, practica un poquito cada día y disfruta del proceso. Tienes toda la capacidad para conseguirlo.
Y si prefieres que sea yo quien mire tu energía y te cuente qué refleja tu aura en este momento, estaré encantado de acompañarte en una lectura psíquica. Sea como sea, gracias por leerme hasta aquí.
Mucha luz y amor,
Fernando Albert.

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4 thoughts on “Cómo ver el aura: guía paso a paso para principiantes”
???
🙂
Hola,después de leer he probado tal cual indicas,y al principio sólo veía esa nebulosa a lo largo de mi brazo iz,de color verde azulado muy clarito,como este fondo de pantalla pero muchísimo más claro;,observé que entraba mucha luz natiral por el pasillo y me separé del espejo fuera del baño y enseguida ví un aurea de dos centímetros más o menos,claramente blanca y por dentro ese color azul verdoso más difuminado…estoy muy contenta,porque lo había intentado antes y nada….quiero darte las gracias por toda esa luz que nos mandas…Namasté ????????,
¡Qué bien! Genial 🙂 Me alegra un montón! Es todo un placer!